Las cuatro decisiones sobre un producto devuelto
Un producto devuelto termina en uno de cuatro estados, y cada uno tiene su dueño, su evidencia y su registro. Vuelve a stock disponible cuando está completo, sin uso y con su envase original: lo decide el responsable del almacén contra una lista de verificación, y pasa a disponible recién cuando su ubicación definitiva quedó registrada. Requiere reacondicionamiento cuando funciona pero el envase no está en condiciones de venta: lo decide calidad, con el registro del estado en que llegó, y queda en un estado intermedio que el sistema no ofrece a la venta.
Se destina a otro canal cuando ya no se vende como nuevo pero sí en liquidación o como repuesto: lo decide el responsable comercial, con el costo de reacondicionar a la vista. Se descarta cuando está dañado, vencido o fuera de norma: lo decide calidad, y la baja se registra en el mismo movimiento, con su motivo y el número de la devolución, no al cierre del mes. Con el criterio escrito, la decisión deja de depender de quién esté ese día.
El motivo de la devolución es un dato, no un comentario
Registrar por qué volvió cada unidad es lo que convierte la logística inversa en información y no solo en un costo. La lista de motivos se arma corta y cerrada, nunca como campo de texto libre, y se revisa cuando aparece un motivo nuevo. Se agrupa en tres familias: el producto (falla, daño en el transporte, vencimiento), la preparación (unidad equivocada, cantidad equivocada, dirección equivocada) y la venta (no era lo que el comprador esperaba, compra duplicada, arrepentimiento). El motivo se elige cuando la unidad entra a la zona, no cuando alguien revisa el mes.
Después se lee por familia. Si pesa la preparación, el problema está aguas arriba: se trabaja sobre el armado del pedido y el control de salida. Si pesa el producto, la conversación es con el proveedor y con quien recibe. Si pesa la venta, el ajuste está en la ficha y en la descripción publicada.