Dónde aparece el riesgo: depósitos que son zona clasificada sin que nadie lo diga
Los casos más conocidos son los líquidos: depósitos de solventes, de pinturas, de alcoholes, de aerosoles y de agroquímicos, donde el vapor que desprende el producto se mezcla con el aire y forma una atmósfera que puede encenderse. Alcanza con un envase mal cerrado, un trasvase o un derrame para que la concentración suba en un sector puntual.
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El segundo grupo sorprende más, porque no huele a nada: el polvo combustible. Harina, azúcar, almidón, leche en polvo, aluminio, madera, carbón. Cuando ese polvo queda en suspensión en concentración suficiente se comporta como un combustible gaseoso, y una chispa alcanza. Peor todavía: el polvo depositado sobre estructuras y luminarias se levanta con la primera explosión chica y alimenta una segunda, más grande. Por eso en depósitos de alimentos secos o de metales en polvo la conversación no es si hace falta equipo protegido, sino en qué sectores y con qué severidad.
