Instalación eléctrica: qué se verifica antes de automatizar

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Qué se releva de la instalación eléctrica antes de automatizar un depósito: potencia, tablero, acometida, puesta a tierra, calidad de energía y respaldo.

Instalación eléctrica: qué se verifica antes de automatizar

Un sistema automático no arranca ni frena solo: consume en picos, y lo que decide si funciona bien no es tanto cuánta potencia tiene contratada como qué tan estable es la energía que llega al tablero. Antes de automatizar, STOKA releva la instalación eléctrica del depósito junto con el resto de las condiciones del edificio. Acá está qué se mide, quién lo mide, en qué momento del proyecto y qué alternativas aparecen cuando la potencia disponible no alcanza. No hay un mínimo que deje a nadie afuera: hay un dimensionamiento que se ajusta a lo que hay.

Por qué la instalación eléctrica se releva antes y no después

La energía es una de las pocas condiciones del edificio que puede mover el cronograma entero de un proyecto. Una ampliación de suministro se gestiona con la distribuidora y tiene tiempos propios, que no dependen ni de STOKA ni del cliente. Si esa gestión arranca cuando el equipo ya está en el país, se pierde el orden: la instalación de un sistema automático toma 3 a 4 meses desde la orden de compra (dato STOKA), y ese plazo supone que la obra eléctrica avanza en paralelo, no después. Por eso el relevamiento eléctrico se hace en la etapa de diagnóstico, junto con la medición de altura libre, el estado del piso y los flujos reales de la operación. No es un trámite de cierre: es una de las entradas del diseño. Si el suministro condiciona algo, conviene saberlo cuando todavía se puede dimensionar distinto.

¿Qué potencia eléctrica necesita un depósito automatizado?

Es la pregunta que más se escribe en el buscador y no tiene una respuesta única. El consumo depende del equipo que termines instalando: no consume lo mismo una estantería servida por transelevadores, que son las grúas que recorren un pasillo y suben y bajan la carga, que una flota de robots lanzadera; ni un depósito de pallets que uno de cajas. El número sale de la ficha técnica del equipo elegido y del régimen de trabajo real: cuántas horas por día, cuántos movimientos, cuántos arranques por hora. Publicar una cifra genérica sería inventarla, y acá no se estima nada. Lo que sí se puede definir antes de elegir equipo es qué hay que medir en su depósito para que el cálculo se haga después con datos y no con supuestos. Ese es todo el objetivo del relevamiento eléctrico.

Qué se verifica en el tablero y en la acometida

El relevamiento anota primero lo básico: potencia contratada y potencia efectivamente disponible, que casi nunca son el mismo número, porque el depósito ya tiene consumos propios como iluminación, portones, compresores y la carga de baterías de los autoelevadores. Después, el tipo de acometida y si el suministro es monofásico o trifásico. En el tablero se revisa la capacidad de reserva para sumar circuitos, el estado y la selectividad de las protecciones, y si hay lugar físico para tableros nuevos cerca de donde va a quedar el sistema. La puesta a tierra se mide, no se supone: se verifica su valor de resistencia y la continuidad de todo el recorrido, porque de eso dependen tanto la seguridad de las personas como la electrónica de control. También se releva por dónde pueden ir las canalizaciones sin cruzar los pasillos de circulación ni la playa de carga.

Calidad de la energía: caídas de tensión y microcortes

Este es el punto que más daño hace y el que menos se mira. Un equipo automático tolera bastante bien trabajar cerca del límite de potencia; lo que no tolera es una energía sucia. Las caídas de tensión en los arranques, los microcortes de fracciones de segundo, el desequilibrio entre fases y los armónicos que inyectan los variadores de velocidad se traducen en reinicios de controladores, pérdida de posición y paradas que después figuran como falla del equipo cuando en realidad son falla de la instalación. Por eso la verificación no puede ser una foto: se registra el comportamiento durante varios días de operación normal, con la planta trabajando y en los turnos de mayor consumo. Un registro de una hora un sábado a la mañana no dice nada útil. Ese registro es, además, el insumo que después permite decidir qué hace falta corregir y qué no.

Respaldo: qué pasa si se corta la luz con un pallet a mitad de camino

En un depósito manual, un corte para la operación. En uno automático, un corte puede dejar una unidad de carga a mitad de recorrido dentro de una estantería que llega a mucha altura, y sacarla de ahí es una maniobra que lleva tiempo. Por eso el respaldo no se dimensiona para seguir produciendo, sino para terminar bien lo que está en curso y apagar de manera ordenada. Se define qué necesita alimentación ininterrumpida, que suele ser el sistema de alimentación ininterrumpida o UPS para controladores, servidores del sistema de gestión de depósito (WMS, el software que decide qué se guarda dónde y en qué orden se prepara cada pedido), red y cámaras de seguridad; y qué puede esperar sin consecuencias. Si el depósito ya tiene grupo electrógeno, se verifica su capacidad y su tiempo de transferencia. Si no lo tiene, se evalúa si hace falta.

Qué se hace si la potencia disponible no alcanza

El plazo de recupero se calcula con la inversión completa y el ahorro neto de su operación. Separe los ahorros que reducen un gasto real de la capacidad que queda disponible para crecer; liberar espacio o tiempo no equivale automáticamente a ahorrar dinero.

Cuándo la instalación eléctrica no es el problema

Conviene decirlo con todas las letras: hay depósitos donde la instalación está impecable y automatizar igual no conviene. Si el problema real es que la mercadería está mal ubicada, que no hay conteo cíclico, que los pedidos se preparan sin una secuencia o que el layout obliga a recorrer de más, ninguna cantidad de potencia lo arregla. En esos casos el orden correcto es proceso primero: reordenar ubicaciones, fijar reglas de rotación, medir de verdad los movimientos, y recién después ver si un sistema automático suma. La ventaja de haber relevado igual la instalación eléctrica es doble: el dato queda hecho para cuando llegue el momento, y varias de las mejoras de energía que aparecen en el camino se pagan solas sin automatizar nada. Es también lo que después habilita pensar en alturas de 7 a 40 metros (criterio STOKA) sin sorpresas.

En resumen: la energía se verifica, no se supone

La instalación eléctrica no define si su depósito califica para automatizarse: define cómo se dimensiona el sistema y en qué orden ocurren las etapas. Lo que se mide es potencia contratada y disponible, tablero, acometida, puesta a tierra y calidad de la energía durante varios días reales de operación. Quien lo verifica y lo firma es un electricista matriculado o el proyectista eléctrico, no el proveedor de los equipos. Y si la potencia no alcanza, hay salidas: ampliar el suministro, liberar carga o diseñar el sistema de otra manera. Lo único que no sirve es enterarse tarde.

Preguntas frecuentes

Un electricista matriculado o el proyectista eléctrico de la planta, con responsabilidad profesional sobre lo que firma. No lo verifica el proveedor de los equipos: el proveedor aporta la ficha técnica con los consumos y las condiciones que pide cada máquina, y el profesional matriculado contrasta eso contra lo que hay instalado y define qué hay que adecuar.

El tipo de suministro es uno de los datos que se releva primero, porque condiciona el dimensionamiento y puede requerir una gestión con la distribuidora. No es un filtro que descarte al depósito: es una variable del diseño. Según el equipo elegido y el régimen de trabajo, puede hacer falta convertir el suministro, ampliarlo o plantear una automatización de alcance más acotado.

Depende de la distribuidora, de la zona y de la magnitud de la ampliación, así que no hay un plazo único que se pueda publicar. Lo importante es el orden: como la instalación del sistema toma 3 a 4 meses desde la orden de compra, la gestión eléctrica tiene que arrancar en paralelo o antes, nunca cuando el equipo ya está por llegar.

No siempre. El respaldo se dimensiona para terminar los movimientos en curso y apagar de manera ordenada, no para seguir operando durante el corte. Muchas veces alcanza con alimentación ininterrumpida sobre controladores, servidores y red. El grupo electrógeno se evalúa cuando la operación no puede detenerse o cuando la zona tiene cortes frecuentes y prolongados.

Es una interrupción o un hundimiento de tensión que dura fracciones de segundo, tan breve que las luces apenas parpadean y nadie lo registra. Para un controlador automático alcanza para reiniciarse y perder la referencia de posición. Por eso se mide la calidad de la energía durante varios días de operación normal y no con una medición puntual.

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