El número que decide: −25 °C para el shuttle, −30 °C para el transelevador
Antes de hablar de densidad, de layout o de presupuesto hay que resolver una sola pregunta: a qué temperatura trabaja realmente su cámara. El robot lanzadera llega hasta −25 °C.
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El transelevador de pallets llega hasta −30 °C. Cinco grados que en la práctica separan dos proyectos distintos, con estructura, ritmo y costo propios. Y el dato que hay que traer al relevamiento no es la temperatura nominal, la que figura en el tablero, sino la de trabajo real: medida en el punto más frío, en el peor momento del ciclo, con la cámara cargada y en plena operación. Una cámara declarada a −22 °C que en el fondo, después de una descarga, marca −27 °C es otra cámara. Empezar por acá evita el peor final posible de un proyecto: descubrir el límite térmico cuando el equipo ya está comprado. Si no tiene la medición, se hace durante el relevamiento.
