Cómo se calcula el ahorro de horas, y qué no incluye

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Qué se cuenta como ahorro y qué no, con qué costo por operario se hace la cuenta en Argentina y qué tareas siguen necesitando personas después de automatizar.

Cómo se calcula el ahorro de horas, y qué no incluye

El ahorro de mano de obra no es desvincular gente: es dejar de sumar turnos y horas extra cuando el volumen crece. Para dimensionarlo hace falta el costo empresa por operario, que en Argentina es de USD 965 por mes según el convenio de rama logística, y la cantidad de turnos que hoy sostiene la operación.

Qué se cuenta como ahorro de mano de obra y qué no

Es la distinción que decide si un cálculo de retorno es honesto, y la que más se pasa por alto: hay tres cosas que se suman juntas y no son lo mismo.

Horas que se dejan de pagar. Horas extra que ya no hacen falta, un turno adicional que no hay que abrir, personal temporario de temporada que no se contrata. Esto es dinero que no sale de la empresa, y es ahorro en sentido estricto.

Horas que se liberan para otra tarea. El operario sigue trabajando y cobrando lo mismo, pero deja de caminar buscando producto y pasa a hacer control de calidad, preparación de valor agregado o atención de devoluciones. Es una ganancia de capacidad real y vale, pero no baja el costo: lo redistribuye. Contarla como ahorro de caja infla el retorno.

Gastos que efectivamente desaparecen. Alquiler de metros externos que se dejan de necesitar, transporte entre dos depósitos que se unifican, alquiler de equipos temporarios en temporada alta.

La primera y la tercera son dinero que no sale. La segunda es capacidad. Un cálculo de retorno serio las presenta separadas, y quien evalúa la inversión decide qué peso le da a cada una.

Hay una cuarta categoría que aparece seguido y conviene mirar con cuidado: el costo de los errores evitados. Es real, pero para que entre en una cuenta necesita una base medida —cuántos errores hay hoy y qué cuesta cada uno— y no una estimación.

Con qué costo por operario se hace la cuenta en Argentina

El número que hay que usar no es el sueldo de bolsillo: es el costo empresa, que incluye todo lo que la empresa paga por tener a esa persona trabajando.

En Argentina, el costo empresa de un operario de almacén, depósito o bodega es de USD 965 por mes, alrededor de USD 11.580 por año, según el convenio colectivo 40/89 de rama logística a junio de 2026, convertido a ARS 1.520 por dólar. Las cargas sociales representan el 34,6% del costo laboral, según el IARAF de febrero de 2026.

Hay que decir con claridad de dónde sale y hasta dónde sirve: es un dato argentino. El convenio es argentino, las cargas sociales son argentinas y el tipo de cambio también. No sirve para dimensionar un proyecto en México, en Chile o en Colombia, y usarlo ahí infla o desinfla el resultado sin que nadie lo note.

Para una operación fuera de Argentina, el número tiene que salir del convenio y del régimen laboral de ese país, y es un dato que la empresa tiene y el proveedor no.

Dos cuidados más al usar la cifra. Primero, el tipo de cambio: un costo en dólares depende de la conversión y por eso va con su fecha. Segundo, el convenio: no todas las operaciones encuadran en rama logística, y un encuadre distinto cambia el número.

De ahí sale el costo por hora, que es la unidad con la que después se calcula todo lo demás.

Cómo entran las horas extra y los turnos adicionales

Es la parte del cálculo que más se subestima, porque la hora extra no se mide en la nómina como se siente en la operación.

Las horas extra se pagan con recargo, así que una hora extra cuesta más que una hora normal del mismo operario. Cuando una operación las usa de forma sistemática para cerrar el despacho, no está pagando un poco más de mano de obra: está pagando su capacidad faltante al precio más caro disponible.

El turno adicional funciona distinto. No es proporcional: abrir un turno agrega supervisión, iluminación, energía, seguridad y a veces adicionales de convenio por trabajo nocturno. Por eso el salto de dos a tres turnos no cuesta la mitad más: cuesta más que eso.

Cómo se mide bien, y esto es lo que conviene traer al relevamiento. Cuántas horas extra se pagaron por mes en los últimos doce meses, sacadas de la liquidación y no de la percepción. En cuántos de esos doce meses la operación abrió turnos adicionales o contrató personal temporario. Y cuál es el costo real de una hora extra con su recargo, que sale del mismo lugar.

Un año completo es el período mínimo, porque menos que eso no muestra la estacionalidad, y la estacionalidad es justamente donde vive la mayor parte de este costo.

Un cuidado que evita inflar la cuenta: no todas las horas extra desaparecen al automatizar. Las que existen por picos de demanda del proceso automatizado sí; las que existen por otras razones —un corte de energía, una carga que llegó tarde— siguen igual.

Qué tareas siguen necesitando personas en un almacén automático

Un almacén automático no funciona solo, y el cálculo que supone que sí es el que después no se cumple.

Siguen existiendo, como mínimo, estos puestos.

Los puestos de entrada y de salida del sistema, donde alguien acondiciona la carga, verifica y confirma. En un esquema de producto a persona, el operario de preparación no desaparece: deja de caminar y empieza a extraer, que es bastante más productivo pero sigue siendo una persona.

La atención de incidencias: alguien que mira qué pasó cuando el sistema se detuvo, resuelve lo que puede y escala lo que no.

El mantenimiento, programado y no correctivo, con su rutina y su plan.

La administración del software de gestión: quién da de alta un producto nuevo, quién ajusta parámetros, quién revisa que el inventario del sistema coincida con la realidad.

Y todo lo que no entró al sistema automático. Casi ninguna operación automatiza el cien por ciento, así que hay un sector convencional que sigue necesitando gente.

Cuánta gente por turno depende del diseño de cada proyecto, y acá no va a encontrar un número: la dotación típica de un almacén automático por turno no es un dato que se pueda publicar como promedio, porque cambia con el tamaño, los turnos y cuánto de la operación entró al sistema. Lo que sí se puede decir es qué puestos existen, que es lo de arriba, y eso alcanza para armar la cuenta con los números de su propia operación.

Cómo entra este ahorro en el cálculo del payback

El payback es el tiempo que tarda el ahorro anual en devolver la inversión. El ahorro de mano de obra suele ser el componente más grande de ese ahorro anual, así que la calidad de esta cuenta define la calidad del resultado.

La cuenta tiene cuatro pasos.

Se parte del costo empresa por operario y se lo lleva a costo por hora, con el convenio y el país declarados.

Se cuentan las horas que efectivamente se dejan de pagar: horas extra sistemáticas, turnos que no se abren, temporarios que no se contratan. Las horas que se liberan para otra tarea se anotan aparte, no en la misma columna.

Se suman los gastos que desaparecen —metros externos, transporte entre depósitos— si los hay.

Y se declara el volumen con el que se hizo la cuenta, porque el ahorro depende de cuánto mueve la operación. Un ahorro calculado sobre el volumen del mes pico no es el ahorro del año.

Con eso se obtiene el ahorro anual, y de ahí el payback. En un proyecto de automatización STOKA trabaja con un rango de 18 a 36 meses, y ese rango sólo significa algo con los supuestos escritos al lado: qué ahorro se contó, con qué costo laboral, de qué país, con qué volumen y con qué horizonte.

Sin esos supuestos, el número no se puede comparar contra nada ni revisar más adelante, que es justamente lo que hay que poder hacer cuando el volumen no crece como se esperaba.

El ahorro se calcula con la nómina, no con un porcentaje

El ahorro de mano de obra de un almacén automático no es un porcentaje general que se pueda aplicar a cualquier operación: sale de la nómina de su empresa, del convenio en el que encuadra, de las horas extra que efectivamente se pagaron en los últimos doce meses y de los turnos que hoy sostiene. Lo que sí es general son las reglas del cálculo: separar las horas que se dejan de pagar de las que se liberan, usar el costo empresa y no el sueldo de bolsillo, declarar el país del dato, y no suponer que los puestos desaparecen, porque un almacén automático sigue necesitando gente.

Preguntas frecuentes

En la mayoría de los proyectos, no: el ahorro viene de dejar de sumar turnos y horas extra cuando el volumen crece, no de reducir la dotación existente. Y un almacén automático sigue necesitando personas en los puestos de entrada y salida, en la atención de incidencias, en el mantenimiento, en la administración del software y en el sector convencional que no entró al sistema.

El costo empresa es de USD 965 por mes, alrededor de USD 11.580 por año, según el convenio colectivo 40/89 de rama logística a junio de 2026, convertido a ARS 1.520 por dólar. Las cargas sociales representan el 34,6% del costo laboral, según el IARAF de febrero de 2026. Es un dato argentino: no sirve para dimensionar un proyecto en otro país.

Porque no es lo que la empresa paga. El costo empresa incluye cargas sociales, que en Argentina representan el 34,6% del costo laboral según el IARAF de febrero de 2026, más los adicionales que corresponda. Usar el sueldo de bolsillo subestima el ahorro y produce un payback más largo que el real, que es un error menos común pero igual de equivocado.

Cuentan como capacidad, no como ahorro de caja, y conviene anotarlas en una columna aparte. Si el operario sigue trabajando y cobrando lo mismo pero deja de caminar y pasa a hacer control de calidad o atención de devoluciones, la empresa gana capacidad real sin bajar el costo. Sumarlas junto a las horas que se dejan de pagar infla el retorno.

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