
El soporte de un almacén automático tiene tres capas: asistencia remota sobre el software, mantenimiento programado sobre el equipamiento y repuestos críticos disponibles. STOKA responde las consultas en 24 horas hábiles, trabaja desde su base en Mendoza, y viaja cuando el proyecto lo justifica. El alcance se acuerda por escrito antes de la puesta en marcha.
Qué resuelve la asistencia remota y qué no
La primera capa es la que más veces se usa y la que menos se anticipa al firmar, porque no se parece a lo que uno imagina cuando piensa en soporte técnico.
Buena parte de lo que detiene a un almacén, depósito o bodega automático no es una falla mecánica: es una situación del software. Una orden que quedó trabada, un parámetro que dejó de servir después de un cambio en la operación, una posición que el sistema cree ocupada y está libre, una comunicación caída entre el software de gestión y el de control, o un caso que nadie previó al configurar. Todo eso se mira a distancia.
Qué no se resuelve así: cualquier cosa mecánica o eléctrica, y cualquier situación que necesite a alguien viendo el equipo.
Hay tres definiciones que conviene cerrar antes de la puesta en marcha y no durante el primer incidente.
Qué acceso remoto necesita el proveedor y bajo qué condiciones de seguridad. Es una decisión del área de sistemas de la empresa y suele tardar más de lo que se espera, así que conviene empezarla temprano.
Quién está habilitado a pedir soporte del lado de la empresa. Si el canal depende de quién se acuerde del teléfono, el registro de lo que pasó se pierde.
Y qué queda documentado de cada intervención, que es lo que después permite ver si un problema se repite.
Qué cubre el mantenimiento programado y cada cuánto se hace
La segunda capa es preventiva por una razón concreta: un sistema automático no avisa.
Un equipo conducido por una persona da señales —ruido, lentitud, un tirón— y el operario las registra sin proponérselo. Un sistema que trabaja solo, muchas veces en altura o dentro de un pasillo donde no se entra, no tiene quién note el desgaste. Por eso las rutinas van por plan y no por síntoma.
Qué incluyen, en general: revisión mecánica de guías, ruedas y elementos de transmisión; control de los sistemas de seguridad, que es la parte que no se negocia; lubricación según el plan del fabricante del equipo elegido; revisión eléctrica y de la electrónica de control; verificación de los sensores de posicionamiento; y limpieza, que en operaciones con polvo o producto suelto pesa bastante más de lo que parece.
Cada cuánto: lo define el plan del fabricante del equipo y se ajusta por uso real. Un sistema de tres turnos acumula horas tres veces más rápido que uno de un turno, así que el calendario no alcanza como criterio.
Y hay algo que conviene acordar en el contrato y no cuando llega la fecha: qué rutinas exigen detener el sistema y en qué ventana horaria caen. Un mantenimiento bien planificado se hace en un momento que la operación absorbe; uno mal planificado se convierte en una parada no programada con otro nombre.
Qué repuestos conviene tener en el almacén y quién los define
La tercera capa es la que decide cuánto dura una detención, y por eso importa más que el precio de las piezas.
El criterio no es tener muchos repuestos: es tener los correctos. Una lista útil cruza tres cosas.
Qué frena la falla de esa pieza. Hay componentes cuya falla detiene un equipo y otros cuya falla detiene el sistema entero. Los segundos entran en la lista aunque fallen poco, justamente porque el costo de esperarlos es alto.
Cuánto tarda en conseguirse. Una pieza de plaza con entrega en días no necesita stock propio. Una que hay que importar sí, y ese plazo es el que decide.
Cuánto capital inmoviliza. Conviene decirlo con todas las letras: un stock de repuestos es dinero quieto que no rinde hasta el día que hace falta. La lista se arma aceptando esa tensión, no ignorándola.
Quién la define: el fabricante del equipo elegido la propone según su experiencia de servicio, y se ajusta al caso concreto —cuántos turnos, qué tan crítica es la operación, si existe una alternativa manual para seguir despachando mientras tanto—.
Conviene pedirla por escrito antes de firmar, con el plazo de reposición de cada ítem, y revisarla después del primer año con lo que efectivamente pasó. La lista teórica y la que la operación necesita nunca coinciden del todo.
Cómo se atiende un proyecto fuera de Argentina
Conviene ser preciso acá, porque es donde más fácil se promete de más.
STOKA trabaja desde su base en Mendoza, Argentina, con proyectos en toda Latinoamérica. La evaluación de un proyecto se hace a distancia con los datos de la operación, y hay una visita técnica cuando el proyecto lo justifica.
Lo que eso significa para el soporte de un sistema ya instalado, capa por capa. La asistencia remota sobre el software funciona igual a cualquier distancia: es la misma conexión y el mismo equipo. El idioma es el mismo y los husos horarios son cercanos, que en la práctica es lo que determina si una consulta se responde el mismo día. El compromiso es de 24 horas hábiles para una consulta, y vale igual dentro y fuera de Argentina.
La segunda y la tercera capa —el mantenimiento sobre el equipamiento y la disponibilidad física de repuestos— dependen de cómo se organice la ejecución en cada país, y eso se define proyecto por proyecto. No hay una respuesta general escrita todavía, y prefiero decirlo así antes que ofrecer un esquema que después no se sostenga.
Lo que sí corresponde hacer, y es lo concreto: si su operación está fuera de Argentina, esa conversación va antes de la firma y el resultado va escrito en el acuerdo de soporte. No es un detalle que se resuelva después.
Qué tiene que decir el acuerdo de soporte antes de firmar
Un acuerdo de soporte útil contesta seis preguntas, y las seis conviene verlas escritas antes de la puesta en marcha.
Cuál es el compromiso de respuesta y en qué unidad. El de STOKA es de 24 horas hábiles para responder una consulta. La palabra hábiles no es un detalle de redacción: un compromiso que no aclara si corre de noche y los fines de semana no se puede reclamar.
Qué incluye el mantenimiento programado, con sus rutinas y frecuencias, y qué rutinas exigen detener el sistema.
Qué repuestos quedan en el almacén, quién los repone y en qué plazo.
Qué se resuelve en forma remota y qué exige presencia física, con las condiciones de acceso ya acordadas con el área de sistemas.
Qué parte puede hacer el equipo propio de la empresa después de la capacitación, que forma parte del alcance del proyecto y define si el contrato es completo o parcial.
Y qué pasa cuando el sistema se detiene: quién hace el primer diagnóstico, a quién llama, y cuál es el procedimiento para seguir despachando mientras se resuelve. Este último punto es el plan de contingencia, se define dentro del proyecto y se prueba durante la puesta en marcha, que en automatización lleva de 3 a 4 meses desde la firma.
Si alguna de las seis no está escrita, esa es la que conviene insistir.
Tres capas, y la que más se usa es la primera
El soporte de un almacén automático se imagina como un técnico viajando y en la práctica es, la mayor parte del tiempo, alguien mirando el software a distancia. Las tres capas importan, pero se contratan mal cuando se piensa sólo en la tercera. Antes de firmar, pida el compromiso de respuesta con su unidad aclarada, el plan de mantenimiento con sus frecuencias, la lista de repuestos con plazos de reposición y el procedimiento para seguir despachando con el sistema detenido. Y si su operación está fuera de Argentina, cierre esa conversación antes y no después.
常见问题
A distancia se resuelve casi todo lo que es software: órdenes trabadas, parámetros que dejaron de servir tras un cambio en la operación, posiciones que el sistema cree ocupadas, comunicaciones caídas entre el software de gestión y el de control. Necesita presencia cualquier cosa mecánica o eléctrica, y cualquier situación que exija ver el equipo.
24 horas hábiles para responder una consulta. Conviene reparar en la palabra hábiles: un compromiso de respuesta que no aclara si corre de noche y los fines de semana no se puede reclamar. Y conviene separarlo de otras dos cosas distintas que suelen confundirse con él, que son la frecuencia del mantenimiento programado y la disponibilidad de repuestos.
STOKA trabaja desde su base en Mendoza, con proyectos en toda Latinoamérica. La asistencia remota sobre el software funciona igual a cualquier distancia, con el mismo idioma y husos horarios cercanos, y el compromiso de 24 horas hábiles vale igual. El mantenimiento sobre el equipamiento y la disponibilidad física de repuestos se definen proyecto por proyecto, y eso conviene cerrarlo por escrito antes de firmar.
Lo que esté escrito en el plan de contingencia, que se define dentro del proyecto y se prueba durante la puesta en marcha. Tiene que decir quién hace el primer diagnóstico y a quién llama, cómo se despacha lo urgente con el sistema parado, qué stock queda accesible fuera del sistema automático, y cómo se registra lo que se movió mientras estuvo caído para que al volver el inventario coincida.
