Los seis datos que hay que tener antes de pedir una propuesta

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Los seis datos de su operación que hacen falta para dimensionar un sistema, de dónde sale cada uno, qué período cubren y qué hacer si le falta alguno.

Los seis datos que hay que tener antes de pedir una propuesta

Para dimensionar un proyecto hacen falta seis datos de su operación: superficie y altura disponibles, cantidad de SKU —cada producto distinto que almacena—, unidad de carga, pallets o cajas que entran y salen por día, líneas de pedido por día y estacionalidad. Con eso se dimensiona; sin eso, sólo se puede estimar.

Qué datos del edificio hacen falta y cómo se obtienen

Son los dos primeros y los más fáciles de conseguir, aunque casi nunca están en el formato que sirve.

Superficie disponible. No la superficie total del terreno ni la del edificio: la del sector donde podría ir el sistema, descontando oficinas, sanitarios, zonas de carga y todo lo que no se va a tocar. Sale del plano, y si el plano está desactualizado —que es lo habitual— se releva.

Altura disponible. Acá hay una precisión que cambia el número y que conviene tener presente desde el principio: la altura libre no es la altura del techo. Es la distancia desde el piso terminado hasta el primer elemento que estorbe, sea una cabreada, una luminaria, un rociador o un conducto de aire. Y se mide en varios puntos del sector, nunca en uno solo, porque en casi ningún galpón es uniforme.

Qué alcanza para una primera conversación: una medición aproximada en tres o cuatro puntos y la ubicación de los elementos que bajan del techo.

Qué hace falta antes de la ingeniería de detalle: un relevamiento completo, que incluye además el estado del piso. Ahí conviene ser preciso sobre quién define qué, porque es la confusión más cara del tema: la planitud y la carga admisible no las fija STOKA ni ningún integrador. Las fija el fabricante del equipo que se elija y las verifica un profesional matriculado con instrumental de medición.

Estos dos datos dicen qué entra. Los cuatro que siguen dicen qué tiene que hacer.

Qué datos del inventario hacen falta y de dónde salen

Son dos y salen del software de gestión de la empresa.

La cantidad de SKU, es decir, cuántos productos distintos almacena. No cuántas unidades: cuántas referencias diferentes, cada una de las cuales necesita su propia identidad dentro del sistema. Este número define buena parte del diseño, porque un almacén con pocas referencias y mucho volumen por referencia pide algo muy distinto de uno con miles de referencias y poco de cada una.

Un cuidado al pedirlo: lo que importa son los SKU activos, los que efectivamente se movieron en el período, no el maestro completo. Casi todos los maestros de productos arrastran referencias discontinuadas que nadie dio de baja, y contarlas infla el dimensionamiento.

La unidad de carga. Cómo se almacena y cómo se despacha cada producto: pallet completo, caja, unidad suelta. Y si un mismo producto convive en dos formatos —reserva en pallets y picking en cajas— eso hay que decirlo, porque genera un flujo de reposición interno que el sistema tiene que sostener y que no aparece en las salidas al cliente.

Conviene agregar, si está disponible, el stock promedio por producto. Cruzado con las salidas permite ver cuántas posiciones necesita cada grupo de rotación, que es lo que evita dimensionar todo el almacén para el peor caso.

Qué datos de movimiento hacen falta y en qué período se miden

Son los dos que más definen el tamaño del sistema y los que peor suelen venir preparados.

Pallets o cajas que entran y salen por día. Es lo que dimensiona la capacidad de movimiento del sistema. Hace falta por día, no como total del año, y separando entradas de salidas, porque no siempre son simétricas.

Líneas de pedido por día. Es el dato que dimensiona el lado de preparación y el que más se omite. Una línea de pedido es cada producto distinto dentro de un pedido: un pedido de treinta productos son treinta líneas. Dos operaciones con la misma cantidad de pedidos pueden necesitar sistemas muy distintos si una prepara pedidos de dos líneas y la otra de treinta.

En qué período se miden: doce meses completos. No es una formalidad. Menos de un año no muestra la estacionalidad, y la estacionalidad es donde vive la diferencia entre un sistema que alcanza y uno que no.

Y cómo se presentan: con el pico identificado por separado, no promediado con el resto. Esto importa en las dos direcciones. Si se dimensiona con el mes pico, el sistema queda sobredimensionado y se paga capacidad que se usa unas semanas al año. Si se dimensiona con un mes tranquilo, se satura en la primera temporada alta.

Un tercer dato que conviene traer aunque no esté en la lista de seis: si algo de esos doce meses fue excepcional. Un cliente grande que después se perdió produce números que parecen normales y no lo son.

Por qué la estacionalidad cambia el dimensionamiento

Es el sexto dato y el que más veces se subestima, porque no es un número sino una forma.

Lo que hay que describir es cómo se reparte el volumen a lo largo del año: cuántas veces el mes pico supera al mes promedio, cuántas semanas dura ese pico, y si es una sola temporada o varias.

Por qué cambia el diseño. Un sistema automático se dimensiona una vez y no se estira. Si el pico es moderado, se dimensiona cerca de él y se acepta una holgura pequeña el resto del año. Si el pico es muy superior al promedio, dimensionar para el pico significa pagar una capacidad que va a estar ociosa la mayor parte del tiempo, y ahí conviene evaluar otras salidas: absorber el pico con una parte de la operación manual, extender turnos sólo en temporada, o elegir un esquema que permita sumar capacidad de a unidades.

Esa es una decisión económica, no técnica, y hay que tomarla con el número a la vista.

Hay un segundo efecto que casi nadie anticipa: la estacionalidad cambia la rotación, no sólo el volumen. Hay productos que son de alta rotación tres meses al año y de baja los otros nueve, y el criterio de qué producto va a qué zona del sistema tiene que poder revisarse sin rehacer nada.

Y un tercero: la época del año en que se hace la puesta en marcha. En automatización lleva de 3 a 4 meses desde la firma, y ese período se puede elegir para que no caiga en temporada alta.

Qué se puede hacer si todavía no tiene alguno de los seis

Es lo más común, y no frena nada. Lo que corresponde es relevar el dato, no estimarlo, y hay tres caminos según el caso.

Si el dato existe pero está disperso. Es la situación habitual con las líneas de pedido: el software las tiene, pero no las reporta separadas. Se reconstruye desde las órdenes de preparación, los remitos o los registros de despacho de un período acotado. Es trabajo manual y se hace una sola vez.

Si el dato no existe. Se mide hacia adelante: se define qué se va a contar, quién lo cuenta y durante cuánto tiempo, y se toma una muestra de semanas representativas que incluya al menos una de temporada alta. Un relevamiento corto y controlado vale más que doce meses de un número que nadie verificó.

Si el dato es cualitativo. La estacionalidad a veces no está en ningún sistema y sí en la memoria del equipo. Se traduce a algo contable: en qué meses se abrieron turnos adicionales, cuándo se contrató personal temporario, cuándo se alquilaron metros afuera. Esos tres registros dibujan la curva sin necesidad de que nadie la haya medido.

Mientras ese relevamiento ocurre, el resto del diagnóstico avanza: el edificio se puede relevar en paralelo y la conversación sobre el alcance también. Lo único que cambia es con qué grado de precisión se puede dimensionar la primera etapa, y eso se dice de frente en lugar de compensarlo con una estimación.

Con seis datos se dimensiona; sin ellos, se estima

Estos seis datos son la diferencia entre una propuesta y un número. Dos describen el edificio, dos el inventario y dos el movimiento, y el sexto —la estacionalidad— es el que decide si el sistema alcanza el día que más importa. Ninguno es difícil de conseguir, pero casi ninguno está en el formato en que hace falta, así que conviene pedirlos con tiempo. Y si le falta alguno, eso no descalifica a nadie ni frena el proyecto: se releva, y el resto avanza en paralelo.

Frequently asked questions

Un SKU es cada producto distinto que almacena, cada referencia con su propia identidad dentro del sistema. La cantidad importa porque define buena parte del diseño: un almacén con pocas referencias y mucho volumen de cada una pide algo muy distinto de uno con miles de referencias y poco de cada una. Y conviene contar los activos, no el maestro completo, que suele arrastrar referencias discontinuadas.

Porque menos de un año no muestra la estacionalidad, y la estacionalidad es donde vive la diferencia entre un sistema que alcanza y uno que no. Además conviene presentar el pico identificado por separado y no promediado: dimensionar con el mes pico deja capacidad ociosa casi todo el año, y dimensionar con un mes tranquilo satura el sistema en la primera temporada alta.

Una línea es cada producto distinto dentro de un pedido: un pedido con treinta productos son treinta líneas. La distinción es la que define el sistema de preparación. Dos operaciones con la misma cantidad de pedidos por día pueden necesitar sistemas muy distintos si una arma pedidos de dos líneas y la otra de treinta.

Se releva, no se estima. Si existe disperso, se reconstruye desde órdenes de preparación, remitos o registros de despacho de un período acotado. Si no existe, se mide hacia adelante definiendo qué contar, quién lo cuenta y durante cuántas semanas, incluyendo al menos una de temporada alta. Mientras tanto, el relevamiento del edificio y la conversación sobre el alcance avanzan en paralelo.

No. La altura libre no es la altura del techo: es la distancia desde el piso terminado hasta el primer elemento que estorbe, sea una cabreada, una luminaria, un rociador o un conducto de aire. Y se mide en varios puntos del sector, porque en casi ningún galpón es uniforme. Para una primera conversación alcanza con tres o cuatro puntos y la ubicación de lo que baja del techo.

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